De toda crisis siempre surgen algunos aspectos positivos que nos permiten, personal o profesionalmente, crecer y resistir ante la adversidad, en momentos de cambios tan profundos y complejos. Y los efectos de la Covid-19, sin duda, van a tener unas consecuencias importantes e inmediatas en el sector de las empresas a la hora de acelerar su transformación digital para evitar la quiebra tras el impacto de la pandemia. 

De hecho se puede afirmar que el gran objetivo de las empresas se dirige en estos momentos a acelerar dichos procesos para competir de manera eficaz en un entorno virtual global en el que las condiciones del juego han cambiado a consecuencia de los efectos de la crisis sanitaria.

En nuestro caso, España no ha sido tradicionalmente un país pionero en Europa a la hora de apostar por la digitalización. El pasado año nuestro país ocupaba el undécimo puesto de la UE, según el Índice de la Economía y la Sociedad Digital que analiza el rendimiento tecnológico de los países miembro.

En efecto, las empresas han entendido, golpeadas y sacudidas por la crisis, que si no son capaces de competir de forma virtual están abocadas al fracaso, mientras que muchas de aquellas empresas nativas digitales apenas han acusado pérdidas, incluso algunas aumentaron su facturación, al estar preparadas para el cambiante entorno al que se apresuraban de manera irremediable.

Sin duda, la pandemia ha conseguido digitalizar más empresas que cualquier tecnología externa. Incluso, muchas de las empresas que pensaban que el teletrabajo era de muy difícil implantación en su entorno hoy se han visto obligadas a adaptarlo para seguir adelante con sus negocios.

Pero el proceso, ahora más obligado que opcional, de la transformación digital no es una tarea sencilla ya que requiere de voluntad de cambio, adaptación al entorno, cierta dosis de coraje y liderazgo visionario para esa necesaria transformación cultural.

Migrar de sistemas locales a nubes híbridas, modernizar los sistemas de software financiero y operativo, la creación de un entorno de trabajo más dinámico y flexible, y la mejora de la experiencia de los clientes mediante el uso de la tecnología son algunos de las características que deben asumirse para este proceso de cambio. Todo ello, además, atendiendo a unos estándares obligados de seguridad en la implementación de estos servicios. Es decir, los dispositivos deben de protegerse de muchos y variados tipos de riesgos, como el robo o la interferencia de información de la empresa, mediante el uso de cifrado de disco completo, la autenticación multifactor sólida o el uso de la tecnología VPN de acceso a los datos, entre otras variantes. Las aplicaciones y herramientas para permitir el trabajo de manera remota deben ser examinadas y configuradas para proteger los datos de los clientes y el material confidencial de la empresa, y los empleados deben de estar preparados para reconocer estafas como el phishing, ya que sin una seguridad apropiada pueden ser fácilmente explotables por un atacante cuando estemos trabajando desde casa. 

Una reciente encuesta laboral en Andalucía sobre la actividad empresarial de pymes y autónomos reconocía que hasta casi un 70 por ciento de los encuestados piensan que tendrán que implantar diferentes medidas de gestión y de innovación empresarial vinculadas a la digitalización, el marketing, la logística o la comunicación digital.

La crisis sanitaria ha forzado a esta adaptación que, en situaciones normales, quizá hubiera llegado para una amplia mayoría del sector empresarial en tres o cuatro años. Este corto plazo de adaptación obligado debe de verse como el primer gran paso hacia esa transformación digital que ofrezca mayor flexibilidad a los clientes y empleados, abriendo nuevas y mejores oportunidades de negocio. 

La transformación digital ha venido para quedarse y el reto ahora consiste en que seamos mucho más rápidos a la hora de adaptarnos. Lo que marcará la diferencia será la capacidad de empresas y personas de aprender, adaptarse y ganar en eficiencia en todo lo relacionado a sus costes y modelo de negocio. 

En definitiva, es imprescindible informatizar todos los procesos de la empresa que aporten valor a usuarios y clientes, y para ello la tecnología será, sin duda, nuestra gran aliada.

 

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