Las amenazas y ataques a las que está expuesta la ciberseguridad de las empresas es cada vez mayor, su número no para de crecer y además cada vez son más complejas. Esta situación provoca que las herramientas tradicionales que ofrecían protección no sean suficientes. Las corporaciones de hoy necesitan soluciones con modelos de seguridad que sean capaces de ofrecer la máxima protección en sus redes, terminales y datos. En este sentido es clave establecer una política de seguridad que determine qué es lo que se desea proteger y qué espera de los usuarios del sistema. Además, una política de seguridad facilita una base sobre qué poder planificar de la seguridad cuando se tengan que diseñar nuevas aplicaciones o ampliar la red actual.

Minimizar todos los riesgos con una política de seguridad

Una política de seguridad creada, configurada y establecida correctamente permite reducir mucho el riesgo de sufrir y padecer un ataque en la red interna. Ahora bien, el sistema al conectarse a Internet deberá ofrecer medidas de seguridad adicionales que sean capaces de garantizar la seguridad de la red interna. De hecho, en los sistemas que están conectados a Internet es complejo ofrecer la máxima seguridad porque este canal está abierto a recibir ataques. Pero, ¿cuáles son las amenazas que deberemos hacer frente? Se clasifican en dos tipos: los ataques pasivos y los activos.

Los ataques pasivos son aquellos en los que sus autores inspeccionan el tráfico de internet con la intención de descubrir secretos. Estas amenazas se pueden dar en la red, a través del rastreo de los enlaces de las comunicaciones, o en el sistema, al sustituir un elemento del sistema por el malware del tipo caballo de Troya que busca capturar los datos de forma clandestina.  Mientras que los ataques activos hacen referencia a aquellos en los que su autor intenta entrar en los sistemas de la red aprovechando las brechas de seguridad con las que entrar en un cliente o sistema y controlarlo; se hace pasar por un sistema de confianza o persuade a usuarios para que le envíen información secreta; interfiere en las operaciones o las detiene, bombardea el sistema con correo basura o redirige el tráfico; o intenta adivinar, robar contraseñas o utilizar herramientas especializadas para descifrar los datos cifrados.

Una defensa en múltiples capas

Ya hemos visto que los riesgos a los que están expuestas las empresas al trabajar con servicios y aplicaciones de Internet se pueden producir en distintos niveles. Para hacerles frente lo más óptimo es configurar, mediante una buena política de seguridad, medidas de seguridad que ofrezcan múltiples capas de defensa, de manera que el ataque que penetre en una de ellas pueda ser detenido en la siguiente capa.

  • Seguridad a nivel de sistema. Es la última línea de defensa contra las amenazas y ataques en internet y constituye el primer paso a configurar en toda estrategia de seguridad.
  • Seguridad a nivel de red. Este tipo de medidas controlan el acceso a los sistemas de la red, por ejemplo, el más común para garantizar este tipo de seguridad es un cortafuegos.
  • Seguridad a nivel de aplicaciones. Controlan la interacción de los usuarios con aplicaciones concretas. Como son servicios muy vulnerables a un mal uso por parte de usuarios no autorizados las medidas de seguridad deben tener en cuenta los riesgos del servidor y del cliente.
  • Seguridad a nivel de transmisión. Protegen las comunicaciones de datos que se dan en la red y entre varias redes. Si no se aplican los datos serán visibles para cualquier persona que desee verlos y utilizarlos.

Para hacer frente a las amenazas y ataques de Internet con eficacia y disponer de una protección exhaustiva, toda la empresa ha de tener una política de seguridad que deberá implementar junto con la estrategia de seguridad para cada capa, así como establecer cómo será la interacción de las distintas estrategias.

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