Hay una regla bien conocida que no puede romperse: La velocidad de la luz es de 299.792.458 metros por segundo. También es una constante universal que no cambia, y la velocidad máxima a la que viajan los datos a través de Internet. De momento.

Esto es bastante rápido. Sin embargo, también es una desventaja esencial debido a sus límites en el uso de Internet para intercambiar información y datos a través de una WAN. Imaginémoslo de esta manera: cuando se envía una petición de datos, el tiempo que un paquete necesita para viajar del punto “A” al punto “B” y de vuelta al punto “A” se denomina latencia de la red, que también se conoce como tiempo de ida y vuelta o tiempo de respuesta de la red.

Sabemos que la velocidad de la luz es constante, y también sabemos que la latencia es directamente proporcional a la distancia entre el punto “A” y el punto “B”. En lenguaje sencillo, esto significa que cuanto mayor sea la distancia entre los dos puntos, mayor será la demora.

El conocimiento humano dice que el aumento del ancho de banda de nuestras comunicaciones llevará a un mejor rendimiento. Pero también debemos recordar que el TCP/IP (protocolo de control de transmisión construido sobre Internet) limita el número de bytes simultáneos transmitidos, independientemente del tamaño del caudal de transmisión. El TCP/IP restringe la cantidad de datos en una conexión para evitar los cuellos de botella en la red. También es un protocolo orientado a la fluidez de la transmision, lo que significa que está diseñado para proporcionar a un programa informático un servicio para transferir grandes cantidades de datos de manera fiable. Una vez que el primer paquete sale, esperará el acuse de recibo o ACK, y tras la confirmación, establecerá un circuito virtual dúplex completo entre los dos anfitriones para que ambos puedan transmitir simultáneamente grandes cantidades de datos sin especificar el destino. Por lo tanto, cuanto mayor sea la latencia, más tiempo tendrá que esperar el TCP/IP para transmitir sus paquetes.

Cuando se trata de CIFS (sistema de archivos comunes de Internet), SMB (bloque de mensajes del servidor) o NFS (sistema de archivos de red), nos adentramos en un nuevo espectáculo “lento”. Estos son protocolos extremadamente parlanchines. También fueron diseñados para el uso de LAN (red de área local) y no son muy eficientes para las transmisiones de WAN (red de área amplia). Cuando se emplean a través de largas distancias, el tiempo de ida y vuelta aumenta de unos pocos milisegundos en la LAN a cientos de milisegundos en la WAN, lo que resulta en una dramática disminución de la velocidad de transferencia de archivos porque el emisor debe esperar a que el receptor reconozca un pequeño bloque de datos antes de proceder con el siguiente, y así sucesivamente. Una simple acción como la recuperación de un atributo de un archivo puede requerir numerosos viajes de ida y vuelta a través de la red y, por lo tanto, ralentizar las operaciones.

Resumiendo un poco, implantar una VPN (red privada virtual) con la intención de mover archivos de un punto a otro “arrastrando y soltando” o ejecutando una aplicación que requiere múltiples RPC (llamadas de procedimientos remotos) no va a funcionar bien, no importa cuán amplio sea el ancho de banda de sus comunicaciones. Es más eficiente utilizar un espacio de almacenamiento basado en la nube de FTP o TCP o una sesión RDP para ejecutar aplicaciones que requieren cientos de llamadas de procedimientos remotos.

 

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